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Everything Must Change
Orange Blossom irrumpieron en
1997 en la siempre efervescente escena electrónica francesa sin previo aviso
y con inusitada fuerza antes de embarcarse durante unos años en una
incansable actividad en directo. Llegaron después las deserciones en el seno
de la banda y una posterior hibernación de la que pocos presumían que Orange
Blossom pudiera recuperarse. Pero lo hizo. En
buena medida gracias a la inyección de energía e ideas frescas aportadas por
los nuevos componentes del grupo, la vocalista franco-argelina
Leïla Bounous y el
percusionista Mathias
Vaguenez, en la actualidad dos de las principales señas de identidad
de la formación gala. Su empuje resultó clave para entender la concepción y
el desarrollo de un Everything
Must Change con la
suficiente fuerza y elegancia para alterar por siempre esas músicas híbridas
entre la electrónica y los ritmos del mundo que algunos dieron en llamar
worldbeat. La voz de Leïlia,
heredera de la mejor Natascha Atlas, lidera con
sus fraseos árabes una exuberante y emocionante arquitectura musical que se
mueve entre la polirritmia norteafricana, el
electro de origen centroeuropeo, el raï
argelino, los beats oscuros, la sensualidad del
Oriente Medio, los ritmos resquebrajados, la EBM y el poder evocador de la
música clásica árabe. Canciones alérgicas a los espacios cerrados y de
límites precisos, estén éstos en el baile de colores de un mapa o en los
prejuicios de una sociedad que entiende las culturas como entelequias mudas
y sordas, encerradas en sí mismas sin remisión. Orange
Blossom, por el contrario, crea músicas que hunden sus raíces en los
altos muros de una kasbah y en la pista de un
club berlinés, en los bulliciosos callejones de Orán y en los barrios de la
periferia de Nantes con toda naturalidad. Acortando distancias, dibujando
piruetas imposibles, fascinando a quien tiene ocasión de cruzarse con sus
temas.
El trance
percusivo de una ceremonia pagana
“El trance
percusivo de una ceremonia pagana, el soplo casi místico de una música sufí.
Entre vicio y desesperación, sombra y luz, Orange Blossom practica un
exorcismo en cada título.
Una
percusión, una fiesta, una ejecución capital. El ritmo de la vida late en
las sienes de estos tres músicos a los que ningún desafío musical asusta.
Mientras que las percusiones empiezan el movimiento, el violín se lanza
sobre su presa hipnotizada por la fuerza de la música, la elasticidad del
tiempo, el gruñido de las secuencias. Pero ningún efecto de hechizo sería
posible sin la insolencia de esas melodías envenenadas. Orange Blossom
resueltamente pertenece a su época”.
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